Hay muchas cosas que no he contado. Por ejemplo, no he contado que hace un par de semanas mi coche hizo *puf* y dejó de funcionar. Para siempre. Ya no tengo coche. Afortunadamente mis padres querían cambiar de coche, así que he heredado un fantástico Renault Clio blanco que gasta la mitad de gasolina que el coche antiguo y no me cuesta 1.200 euros cada vez que paso a menos de cien metros de un taller. Desafortunadamente, el equipo de música del Clio tiene sus idiosincrasias, y una de ellas es que los adaptadores para iPod que fingen ser una cinta de cassette no le engañan. Él sabe que no es una cinta. Así que no la reproduce. He quedado a merced de las radiofórmulas.
Cualquier alma ingeniosa me dirá «pero, ¡no!, hay cientos de emisoras con interesantísimas propuestas culturales, mil veces preferibles a cualquier radiofórmula». Esto es un terrible error. Lo primero es que yo no quiero que de la radio salga cultura, quiero que salga música. Mi primera tendencia, como buen esnob ridículo, fue poner Radio 3. Craso error. Salió un tipo hablando con un tono medio solemne medio retrasado, una especie de discursito de palabras largas y redichas sin la más mínima gracia -usar can en lugar de perro en prosa debería estar penado con la muerte- y con un fondo de indietrónica pedorra típica de «no, es que nosotros somos unos intelectuales» que daba escalofríos. Luego repasé los presets que tenía puestos mi padre. Radio Marca e Intereconomía fueron sumariamente descartados sin derecho a juicio. Kiss FM y Onda Melodía tuvieron una oportunidad, pero tan pronto como salió de sus entrañas ponzoñosas la rasgada voz de Bryan Adams me invadieron las convulsiones y empecé a echar espuma por la boca. Ahí supe que mi destino estaba escrito. Lentamente mis dedos se posaron sobre el dial y lo manipularon hasta que en la pantalla pude ver el número de la bestia: 93.9. Los 40 Principales.

Fig. 1 - El oyente promedio de los 40 principales no es capaz de recordar ni su propio nombre durante más de siete segundos.
Se conoce que el oyente promedio de los 40 Principales carece de memoria a corto plazo y es incapaz de recordar la cadena que ha sintonizado él mismo. Cada dos o tres segundos unas voces berrean al ritmo de unos acordes estridentes y optimistas que estás oyendo Los 40 Principales, y por si acaso no sabes lo que es eso aclaran que es «La Radio de los Éxitos». Entonces ponen una canción, que, como todos hemos podido sospechar, es un Éxito. Las canciones oscilan entre lo soso y lo criminal, con algunos breves espejismos de brillantez pop -pop en el sentido comercial-, interrumpidas constantemente por la cháchara insoportable de algún débil mental al que le pagan más que a mí. Me ha hecho pensar y he llegado a las siguientes conclusiones:
Así que la tontería del cambio de coche tendrá dos consecuencias en mi vida: conoceré los éxitos que nos gustan a Los Jóvenes™ y escucharé menos música que me gusta.
O, woe is me.
Postdata: Este post lleva escrito desde el jueves por la tarde, pero he estado teniendo problemas con el hosting. No se han quedado guardados los comentarios, no se podía tocar nada… Como si lo que ha ocurrido entre el jueves y hoy no hubiese ocurrido nunca. Yeah, right.
1. N del A: Como bien es sabido por todos, Turquía se considerará parte de Europa o no según le convenga al hablante.