La belleza y los slashers no tienen por qué estar reñidos. Lo encuentro hilarante hasta la histeria.
Postdata: Creo —he dicho creo— que los problemas con el hosting deberían estar solucionados ya y los comments deberían quedarse grabados. Pero no prometo nada.
Para el que no la conozca, Daria es una serie de animación de la MTV que se emitió entre 1997 y 2002. Aquí la ponían en el Plus a las 8 de la mañana los sábados, así que la mayoría de la gente no la vió nunca. En general es una serie bastante de culto, y tiene sus razones. La primera, que el personaje principal, Daria Morgendorffer, no es simpática. Sus principales características son un cinismo y un humor cáustico poco apropiados para una niña de 16 años. Es antisocial, se considera superior a sus padres, hermana, profesores y compañeros de instituto y lo demuestra. Y nos consigue caer bien. La segunda razón es que opta por un humor más seco, más intelectual que productos semejantes —como por ejemplo la serie que la originó, Beavis & Butt-Head— y con eso pierde a una enorme proporción de la audiencia.

Fig 1. — Daria y la única persona a la que trata como igual: su amiga Jane.
Era una serie con un espíritu básicamente grunge, y la música que la acompañaba solía corresponderse —incluso hay un episodio titulado Jane’s Addiction—, y por eso nos sorprende doblemente cuando de pronto, a mitad de la tercera temporada, aparece de la nada un episodio musical. Si el espíritu de Once More With Feeling era el rollo arty e intelectualoide de Sondheim pasado por el tamiz absurdo y extra-pop de Joss Whedon, Daria! —que es el nombre de este episodio— recuerda a los musicales de Bob Fosse metidos en la turmix con una dosis muy generosa de amargura de los 90.

Fig 2. — Trent y el señor Morgendorffer celebran que haya pasado el huracán. Este… ¿Spoiler alert?
Al tratarse de una serie de dibujos animados, el nivel interpretativo de las canciones es mucho más bajo, pero es que ahí hay que elegir entre mantener un nivel lírico que nadie espera o que se reconozca a los personajes. Y la elección correcta es que se reconozca a los personajes, claro, que es la que toman en Daria. En cuanto a los números, no hay ningún showstopper enloquecedor, pero el nivel general es bastante guay para una serie de animación de bajo presupuesto. Si a ello le sumamos que la amargura y el ingenio cortante de Daria se mantienen intactos incluso cuando canta, no nos queda más que celebrar que alguien tuviera esta idea.
Mejor que poner unos highlights, aquí va el episodio completo: Parte 1, Parte 2 y Parte 3.
En el próximo capítulo, ya veremos lo que pongo y cuándo lo pongo, que no soy la Aventura del Saber.
Lo primero de todo habré de aclarar que cuando en la parte anterior me refería a episodios musicales me refería a episodios tipo comedia musical, no episodios en los que cantan. Así que lo siento Ra, pero no habrá mención de Zack Attack! ni retrospectiva de los Sueños de California.
El título de esta cortísima serie se remonta a los años ochenta, cuando yo era un niño cursi y repipi que cantaba sin parar. Harta de que todas las mañanas hubiera coreografías en la cocina con odas a la tostada con mantequilla y la leche con Nesquik, mi madre me sentó un día y con su claridad apabullante y ligeramente hiriente me descubrió la triste realidad: la vida no es una comedia musical. La gente no se sabe las canciones, ni sabe los pasos de baile que tienen que ejecutar a continuación. La gente no se pone a cantar en la fila del banco, ni cuando va a dar de alta el gas, ni cuando le suben el sueldo en la oficina. De hecho, la gente, salvo en los karaokes, rara vez canta en público. Afortunadamente, esa gran amiga —y enemiga— que es la televisión me ha demostrado lo contrario.

El primer puesto, sin duda alguna, es para Once More With Feeling, el preciosísimo episodio musical de Buffy the Vampire Slayer que además es la mejor serie de todos los tiempos y quien diga lo contrario miente. Es un musical en toda regla, con sus preciosas coreografías, sus números corales espectaculares, sus baladitas amantosas ñoñas —I’m under your spell es una cancion pre-cio-sa—, pero al mismo tiempo es un meta-musical. Con esto quiero decir que los personajes, a diferencia del 99,9% de los musicales, son conscientes de que cantan y bailan a la primera de cambio, y lo comentan. Otro mérito bastante poco habitual de este episodio es que no es un episodio de relleno, sino que es un episodio clave en la trama de la temporada, que avanza muchísimo y desarrolla un montón. No es un sueño, ni un universo alternativo ni nada de eso, pero claro, la premisa sobrenatural de Buffy da mas juego para estas cosas. Está la canción expositiva que nos pone en situación (Going through the motions), el número pastichoso y simpaticote (I’ll never tell, y lamento el sonido horrible, pero era eso o la versión interpretada por sims), el espanto tipo balada rock (Rest in peace, con subtítulos en francés, hurra por Youtube) y el número coral superoptimista (Walk through fire). Los diálogos son majos, el guión se sostiene y además los actores cantan bien (y Sarah Michelle Gellar tiene una historia de amor con el Autotune, pero eso es otra historia). Es todo lo que debe ser un episodio musical y nunca es.
En el próximo capítulo, Daria Morgendorffer en Daria! El Musical. Series de culto y episodios musicales, ¿qué más se puede pedir?
No puedo evitar partirme de la risa con el anuncio éste que hay de Movistar, de un tipo que gasta mucho. Es que el gran número musical me pierde. Los momentos estos de dueto amoroso en los que la repugnantemente cursi heroína suspira por los besos del asquerosamente correcto héroe, normalmente con muchos planos de la luna reflejándose en el agua —con la muy honrosa excepción de Hopelessly Devoted en Grease porque no tiene nada que ver aunque tenga los susodichos planos—, esos momentos no son lo que mola de los musicales. Por el amor de Dios, si son como videos de Céline Dion y todo el mundo sabe que a nadie le gusta ni le puede gustar Céline Dion. No, lo que realmente gratifica y emociona de los musicales es ese número magnífico, coral, berrendo, ruidoso, que probablemente incluye un momento cancan o semejante y tiene algo que ver con Francia. Me refiero por supuesto a ¡Qué Festín! en La Bella y la Bestia, America en West Side Story, el Can can en Moulin Rouge! o Springtime for Hitler en The Producers.

Fig 1. — Si no hay por lo menos un elefante, no es un número musical como Dios manda.
El gran número musical está muy desprestigiado. Cuando ves un musical solo suele haber uno o dos, y eso cuando hay alguno, porque está como mal visto. Pues estará mal visto, pero eso es lo que va a ver la gente en un musical. Para ver a una pavisosa berreando porque su novio no la quiere, o la quiere pero se ha ido a la guerra, o no la quiere y además se ha ido a la guerra, o la quiere pero se ha ido a la guerra y le han matado, para ver eso uno pone la MTV y en seguida saldrá alguno. A lo mejor hay que cambiar la guerra por da ‘hood pero para el caso es lo mismo, tengo las mismas ganas de ir a los dos sitios. Sin embargo, y perdón porque divago, el gran número musical es algo que no se puede ver en ningún ámbito que no sea la comedia musical o la comedia no musical cuando se pone a parodiar la comedia sí musical.

Fig 2. — Bueno. O marionetas. Elefantes o marionetas.
No entiendo por qué no se ha hecho todavía un musical todo con grandes números musicales espectaculares, con osos en monociclo, fuegos de artificio, cuerpos de baile de miles, cientos, millardos, ¡millones! de bailarines y bailarinas salturreando acompasados como en un apocalipsis del ritmo. Habrá quien diga que es que no se puede hacer. Y yo digo que si Elvis podía cenar bacon con mantequilla de cacahuete, todo es posible, solo hay que ser lo suficientemente rico para realizarlo. Lo más cercano a mi sueño es Avenue Q, que sin ser un musical de estos de fuegos de artificio y grandes efectos especiales es lo suficientemente coral como para que todos los números sean bastante guays. Exceptuando la típica melosona de amor (Fantasies come true), la del planteamiento de la premisa (Purpose), la de la ruptura amorosa (There’s a fine fine line) que es muy melosona también, y la otra que intenta ser educativa (There is life outside your apartment) que es un rollazo; exceptuando esas cuatro, son todas buenísimas. Incluso el solo de Christmas Eve, que formalmente es una power ballad que da grimaldi line, tiene una letra tan ingeniosa y despiporrante que se le perdona el defecto de forma.
En el próximo episodio, los capítulos musicales de las series de televisión, esos grandes olvidados.

Porque Rick Astley nunca te haría daño. Porque Rick Astley nunca te va a abandonar.
Mr. Hilter. De cuando había un Palin que no daba miedo.
Esta no es la actualización que tengo pendiente. Estoy en standby y eso se nota.
Es viejo, pero tenía ganas de ponerlo. Me sorprendió enormemente descubrir que Bill Gates tiene una cierta vis comica. Si se hubiese dedicado al cine en lugar de a los ordenadores…
Pobre Marianne. Esta era ella antes:
Y esta es ella ahora:
Pobre, pobre Marianne.
Bonus Track: ¡Sale Jarvis! ¡Uuuuhuhuuu!
Toy Story
Vean también Ghostbusters y Star Wars.
There is absolutely no cause for alarm. The wings are NOT on fire.
Me viene al pelo.