Aunque la gente que me conozca se sorprenda de la siguiente afirmación, la voy a hacer: hay pocas cosas en este mundo tan gratificantes como limpiar. Limpiar es un acto de purificación, es sanísimo para el alma. Porque dentro de mi retorcida mente, si no tienes la cocina limpia nadie te querrá. En general la casa, claro, pero la cocina sobre todo. La cocina es para mí el reflejo del estado de ánimo: si la cocina está sucia me entristezco, me dejo ir en pensamientos oscuros y terribles, pierdo toda esperanza. La cocina limpia, con el olor del multisuperficies emanando de sus relucientes baldosas, el ronroneo del friegaplatos que devora la suciedad, los mostradores reluciendo aún húmedos bajo el resplandor del fluorescente. Esa es la imagen del alma tranquila.

Fig 1.- Betty sonríe orgullosa porque gracias a que ha dejado los platos como los chorros del oro su marido la seguirá amando un día más.
Hoy he terminado las labores de limpieza en Wisteria Lane. El sentimiento de plenitud y felicidad ha sido, como esperaba, inmediato. Hurgar entre los pedazos de mi antigua vida -eso ya lo he dicho pero viene al caso- ha sido un poco traumático, lo reconozco, pero a la vez he encontrado muchas cosas graciosas. He encontrado cosas escritas de cuando aún iba a la facultad (o de cuando aún estaba matriculado, porque ir no iba mucho) y escribía a mano con relativa frecuencia. A lo mejor me animo y pongo algo, pero es de cuando aún pensaba que podía escribir una novela y no vale gran cosa. Otra cosa que me he encontrado es la cantidad de ropa y calzado que tengo. Alguna no me vale (citando a Eddie Monsoon, «I bought it when I thought I was going to be thinner») y otra no me gusta, pero la gran mayoría es aprovechable. El problema es que no me cabe en el armario de casa de mis padres, así que, for the time being creo que seguiré con mis cuatro trapitos.

Fig 2.- Postrado en el lecho del dolor, manifiesto que esto será un duelo entre el papel pintado y yo. O puede que eso no lo dijera yo, no me acuerdo bien.
Lo peor de la experiencia Tenn ha sido que mi cuerpo, poco habituado a las actividades físicas de ningún tipo y menos aún a las continuadas, ha dicho basta. Mi espalda ha crujido y ahora mismo tengo la movilidad de una señora de 75 años. Muerta. No obstante, ha merecido la pena, porque cuando uno empieza a sacar la basura, la saca toda.
No va a quedar ni un poco.
Yo no me he enterado muy bien (corky que es una)… ¿la casa de tus padres es la de la urba? ¿Es esa la casa a la que vuelves ahora? Entonces… ¿dónde están tus padres? (miedo me da preguntar, a ver si voy a remover un tema peliagudo).
Ra está en la aldea lo dijo el 13Oct08 a las 1215z
No, no, no, no!
La casa de wisteria lane es la mia, y la casa de mis padres es en la que vivo. Y es todo complicadisimo, pero no te preocupes: de momento no soy huerfanito y que siga asi mucho tiempo.
Charlie November lo dijo el 13Oct08 a las 1443z
La relación que tenemos los españoles con la limpieza es particular. El concepto de maruja no es universal como yo pensaba antes, en realidad no traspasa la frontera. Y el bienestar que produce limpiar, la satisfacción del deber cumplido es herencia católica. Sólo los españoles podemos disfrutar del tufillo a lejía que deja la conciencia tan tranquila al saber que no hay microbios. Sé de una sra que hasta mete sus pies en lejía porque dicen que se le quedan como los de un bebé, y un día igual se ve el hueso y se cree que se está purificando o algo así. Fuera de España son todos unos cerdos, en mayor o en menor medida. Y el Fairy es el mejor.
Y no dejes pasar por alto lo de escribir esa novela, claro que puedes.
yprh lo dijo el 16Oct08 a las 1249z
hola rafa, qué alegría encontrarme de nuevo con tu blog, en serio. cuidado con recrearse en la nostalgia!!! o si lo haces, que sea hacia fuera, produciendo algo maravilloso con ella. ánimo, y un abrazo.
pacharan lo dijo el 10Oct08 a las 1852z