Charlie November

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38 I cherish with fondness the day before I met you

22May08 • 2134z • en música, neverending listas.

  1. Porque cuando sean famosos ya no me gustarán.
  2. Porque estuve a punto de irme a Brighton a verlos en viaje relámpago sin dormir y luego me enteré de que el concierto fue una chusta.
  3. Por
  4. Porque han versionado a Heavenly.
  5. Porque todos somos idiotas, y ellos no son una excepción.

Death to Los Campesinos!

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37 Dos policías

21May08 • 2349z • en análisis de la sociedad contemporánea, blog, rabiosa actualidad.

Hoy me han interrogado. He ido a unas dependencias que hay por ahí, en uno de los muchos pliegues espaciotemporales que pueblan el aeropuerto en los que tú crees que hay una pared pero lo que hay son varios pisos de oficinas y un par de centenares de personas trabajando. Al parecer soy sospechoso de un delito. Es un delito menor, por favor, que nadie piense en homicidio —que sería mucho más interesante— y además es un delito que yo no he cometido. Ha sido, como se puede entender, muy desagradable.

Se conoce que el rollo poli bueno, poli malo no se lo han inventado en Los Ángeles California, sino que aquí en Madrid, Madrid también se lleva mucho. El poli malo era malísimo, tremendo. Se sentaba repantingado en su silla, con los brazos cruzados y el ceño fruncido y rezongaba según yo iba hablando. Yo no sabía que cuando te toman declaración se permitían opinar tanto sobre lo que tú declaras. Yo declaraba y ellos opinando, que si tal cosa les parecía bien, que si tal otra no, que si tal otra era verosímil, que si cual otra era inverosímil. Total, que muy cansado, porque venga a darle vueltas a las cosas, y dale perico al torno con que cómo no me voy a acordar de algo que hice hace dos días. Pues no, ¡no me acuerdo! ¡Soy así de retrasado mental! Porque además, el delito que se ha cometido es un delito barriobajero, de yonki, de muerto de hambre. Cualquiera que me conozca sabe que yo, puesto a delinquir, no me andaría con semejantes minucias: lo haría a lo grande y lo haría bien. El poli bueno era muy mono.

Después de semejante tortura emocional lo normal hubiera sido que me hubiera ido a casa. Pero no, tenía que trabajar ocho horas ocho. Últimamente en la oficina estábamos muy tranquilos, así que me he preparado los autodefinidos, me he sentado en mi silla y ha estallado el apocalipsis. Había un grupo de pasajeros volando a Quito que más que un grupo era un ejercicio de combinatoria y probabilidad: unos cien pasajeros, cinco apellidos y diez nombres. Se meten en una bolsita y se agitan bien, y con ellos se van formando nombres al azar. De los ciento y pico, unos ochenta se llamaban Segundo. Segundo algo. Segundo Manuel, Segundo Belisario, Segundo Antonio. Y venga los Segundos para arriba, y venga para abajo, todo esto amenizado por simpáticas tonadas étnicas que hacían brotar de mí impulsos homicidas hasta entonces desconocidos. Luego me acordé de los señores de esta mañana y pensé que no era buena idea darles tanto trabajo. Se podrían molestar conmigo.

Cuando he llegado a casa después de un largo día de tercer grado y trabajo he puesto la tele y he visto el final de una gala de Eurovisión de refritos remezclados por Carlos Jean y el principio de un documental sobre el botellón en Huesca (rrrrabiosa actualidad, oiga).

De mi día de hoy he sacado las siguientes conclusiones:

  1. Nunca conoceré Huesca.
  2. Somos todos idiotas.
  3. Las ocarinas y las camisetas de lycra de Emporio Armani falsas son tan mala combinación como podría pensar cualquiera.
  4. Raffaella Carrà está viejísima.

No ha sido un día para la posteridad, se conoce.

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35 La Verdad es un periódico de Murcia, y nada más

15May08 • 2049z • en blog, música.

Aloes de cincuenta metros por lo menos

Anoche en el Nasti vi dos de los conciertos más bonitos de mi vida. Lidia Damunt y Los Punsetes. Me volví con un disco, en un taxi, mucho más tarde de lo que debería, y, como de costumbre, con un profundo conocimiento de la Verdad.

Que como todo el mundo sabe, es un periódico de Murcia, y nada más.

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32 La Vicepresidenta de África (comedia en 0.1 actos)

12May08 • 2249z • en análisis de la sociedad contemporánea, fantasías literarias, rabiosa actualidad.

Derechas e izquierdas las del espectador.

El recibidor de una fábrica de chufas en Níger, África Central. Las paredes están pintadas del color este verduzco del que pintan todas las paredes en el tercer mundo. Están un poco desconchadas. En el techo dos fluorescentes, uno de los cuales está fundido. Un poco a la derecha de los fluorescentes hay una trampa para moscas y mosquitos eléctrica, que emite un zumbido constante y más perceptible de lo que nos gustaría. La estancia está mal amueblada, con una sola mesa vieja, heredada de algún ministerio francés que no le encontraba uso desde 1974. En las paredes hay fotos en blanco y negro de la fábrica, algunas torcidas. Sobre la mesa hay un ventilador que hace poco por enfriar el ambiente. La escena, en general, da impresión de calor.

A la mesa esta sentada Ngenga, una secretaria veinteañera con peinado de nido de abeja. Lee descuidada una revista. Entran de la calle el Empresario Valenciano Sin Escrúpulos, el Polígamo y María Teresa.

Empresario: Pasa, Maria Teresa, pasa…

María Teresa: La verdad es que la tienes puesta monísima, te ha quedado estupenda.

Empresario: Y por cuatro duros. Lo que es el África.

María Teresa: Es que dan ganas de venirse a vivir.

Empresario: Oye, estaba pensando, ¿por que no te haces una foto con el socio local? Como es negro y lleva la túnica esta de tantos colores da muy bien en cámara, y así te llevas un recuerdo.

María Teresa: Oye, pues si. Además que los negros del tercer mundo dan muy buena prensa.

Empresario: ¡M’bundu! Nahasawe mbeti towana tembo tahuna?

Polígamo: Omaha! [Se gira hacia el interior de la fábrica y llama a alguien] Mbeki! Tunga! Hamaca!

Entran Mujer 1, Mujer 2 y Mujer 3. Van cotilleando entre ellas, suenan como una bandada de gorriones.

María Teresa: Toma, ¿y éstas?

Empresario: Yo que sé. Serán sus primas. Es que esta gente tiene unas familias complicadísimas, pero mira tu que bien que van cada una de un color. Vas a salir estupenda.

María Teresa (a Mujer 2): Chica, que calor… No se como aguantáis tan tapadas

Empresario: Bueno, vamos para fuera que hay mejor luz…

María Teresa: Nada, de esta ya pego el petardazo. ¡En las proximas generales salgo presidenta!

Van saliendo de la estancia poco a poco. A los pocos segundos se oye un ruido de foto y va cayendo lentamente el

T E L Ó N

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30 Batman ‘66

08May08 • 1633z • en análisis de la sociedad contemporánea, blog, manifestaciones artísticas o audiovisuales.

Aunque no soy nada dado a la divulgación —para eso ya están los programas de la 2 y el Reader’s Digest Selecciones— hoy me siento particularmente inspirado y voy a compartir mi inmensa sabiduría con vosotros, queridos lectores. Sí, con los tres.

Todos recordamos la serie de Batman que se hizo entre los años 1966 y 1968. Sí, es esa maravilla tecnicolor proclive a provocar ataques de epilepsia en personas anteriormente sanas con sus BIFF!, sus PUNCH!, sus WHACK! y sus KA-PLUNK!. Antes de daros prisa en denostarla como un subproducto de su época, por favor, analicemos un poquito más. ¿Cómo puede una serie que a mediados del siglo pasado estuvo en antena apenas dos temporadas seguir siendo recordada en 2008, cuarenta años después? Pues porque era buena. Buena no, ¡buenísima! Y ya se que eso requiere una argumentación.

Lo primero, la música. Tenía una música moderna, tirando a vanguardista, un poco jazzy, muy lejos del emplasto de cuerdas y sintetizadores que ha sido el páramo de las bandas sonoras entre 1980 y el estreno de Mujeres Desesperadas. Original, groovy, y muy cerca del espíritu visual de la serie. Porque esa es otra. Vemos un episodio y solo vemos colores chillones, ángulos torcidos, poses forzadas. Pero, ¿qué eran, queridos niños, los cómics de aquel entonces? Para muestra, un botón:

Bruce Wayne decide convertirse en Batman

Afortunadamente aquel día entró un murciélago por la ventana y no una ardilla, un tejón o una cigüeña desorientada. ¿Alguien se imagina a Christian Bale caracterizado de ardilla? Porque yo no. En cualquier caso, y este es el punto principal de esta imagen: ¿ven los colores, hijitos? ¿ven las cuatro tintas? Porque eso es lo que había, cuatro tintas, y salían esos colores. Esos. Verde chillón, rojo chillón, azul chillón, amarillo chillón y un negro que por veleidades del creador resultaba ser azul oscuro. Así que, ¿cómo es la estética de la serie de Batman? Fiel al cómic original. Y sólo por eso es respetable.

En cuanto a la moralidad impertérrita y trasnochada del Dúo Dinámico —Batman y Robin, no Manuel y Ramón— se debe a una única razón, y es que Batman y Robin no eran los protagonistas de la serie. Los protagonistas eran los villanos, que salían mucho más tiempo, eran mucho más interesantes y hablaban mucho más. Los villanos eran representados cada semana por una estrella invitada distinta, a cuál más maldita e interesante: el Joker era César Romero, un hombre abiertamente homosexual en la época del código Hays; el Pingüino lo interpretaba Burgess Meredith, que había estado en la lista negra del Comité de Actividades Antiamericanas por commie; hubo tres Catwoman, que no fueron ni más ni menos que Eartha Kitt, Lee Meriwether y la mismísima Julie Newmar, esta última acompañada por Lesley Gore en el papel de Pussycat. Y por supuesto, lo mejor para el final. A La Viuda Negra la interpretaba Tallulah Bankhead en un episodio a mayor gloria de ella misma en el que sale mucho más tiempo que Batman, y habla mucho más que todo el resto de actores juntos.

Tallulah Bankhead como La Viuda Negra. Especial atención a la frase «Trap Door, what are you doing out of your trapdoor?». O bueno, a cualquier cosa que diga ella.

Lesley Gore se marca un solo al principio de este episodio contra la voluntad de Julie Newmar. El espectáculo de ver a la Gore (1.57) como un hobbit cantarín junto a la Newmar (1.80) es casi lo mejor.

Ahí no acaba todo. Había un cierto grado de consciencia de lo repipis que podían llegar a ser los guiones: al fin y al cabo eran los 60, no los 50. Yo siempre lo sospeché —nadie es tan cursi ni tan estirado— pero en el mismo episodio en el que Pussycat canta sin razón aparente, hacia el principio, Robin y la Gore mantienen la siguiente conversación:

ROBIN: That’s a funny outfit!
PUSSYCAT: Your’s too… [le mira el paquete y le guiña el ojo] Big boy!

Preséncienla ustedes mismos (a partir del minuto 1.20 para los impacientes, aunque la conversación entera no tiene precio):

Batman ‘66 era posmoderno antes de que existiera el término. La prueba está en esta canción que grabó Burt Ward en un disco de spoken word —entre William Shatner y esto voy a acabar cogiéndole gustillo al spoken word— y que se llama Boy Wonder I Love You.

Boy Wonder, I love you
Boy Wonder, I love you
Ooh ooh ooh

Hi, kids! It’s me, your pal, the Boy Wonder, taking this opportunity to catch up on my fan mail. Even as a Boy Wonder it’s really hard to read all the tons of mail I get. Here is a happy letter from someone just about your age:

“Dear you, wonderful, fabulous, magnificent, exquisite Boy Wonder, A cold chill runs up my spine everytime I see you sock a villain, and, oh, how I cry when you’re even scratch. Please, don’t send me a mimeograph copy of interesting facts about you, I want your handwriting. I have a whole wall on my room dedicated to you.

Oh, Boy Wonder, I’m making a gum wrapper chain to symbolize my love for you. It’s going to be as long as I am tall, and I’m 5 foot 10 inches in stocking feet. Please, Boy Wonder, PLEASE, come next Saturday and sleep for a week or two. I will feed you breakfast in bed, I will make your bed for you, and I like you so much that I want you to spend the whole summer with me.

(I hope you know this is a girl writing)

Sólo esa última línea hace que merezca la pena toda la serie. Toda.

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29 El cono del silencio

06May08 • 1256z • en análisis de la sociedad contemporánea, blog.

Primero las referencias:

El otro día me vino a la mente esta escena del Superagente 86 cuando leía el Diario de un Telemarketer (vía Marilink). Muy concretamente lo pensé leyendo ésta página sacada de un manual de telemarketing. Para mí era una cosa muy familiar: como una cantidad enorme de personas en este país yo me he ganado el pan preguntandole a la gente como podía ayudarles, y como toda esa gente conozco conceptos mamarrachos y ridículos como la sonrisa telefónica o los tan traídos y llevados túneles oscuros. Bueno, pues por si alguien tiene aún alguna duda esas cosas son todas gilipolleces.

Me consume la ansiedad de pensar que en Argentina haya cientos de teleoperadores que pensarán que los españoles somos unos repipis estirados que le llamamos a nuestro teléfono “terminal”. Tan pronto como cojan el telefono al primer cliente español comprenderán que repipis no somos mucho, que la fauna ibérica tira más por lo cazurro y patán que por lo repipi, y se preguntarán por qué les han dicho que tienen que decir terminal, si esa palabra al 90% de los españoles les es tan marciana como celular, o puede que incluso más. Se preguntarán por qué les dan un glosario Argentino-Castellano que no se corresponde con la realidad. Pensarán que así nunca se van a entender con los desgraciados clientes españoles. Y tendrán razón.

El propósito del call-center no es mejorar la comunicación, sino hacerla imposible. En un momento dado de finales del siglo pasado la incompetencia de las empresas superó a su capacidad de enmienda. Por cada tres veces que la cagaban, una se quedaba sin resolver. Ese cliente se enfadaba, gritaba y pataleaba en las oficinas de la empresa, causando un gran estrés entre los empleados y un descenso de la productividad, aumentando el ratio de cagadas-soluciones a 4:2. La cosa no tenía visos de mejorar, porque a partir de un cierto tamaño de empresa, si un problema no se arregla a la primera no se va a arreglar nunca porque a nadie le importa lo suficiente y el cliente es una hormiguita en el gran hormiguero del revenue. Quiero decir, a la compañía de teléfonos le sale más barato que te pases a la competencia que arreglarte tu problema. No eres su mejor cliente. No les importas.

Así que se inventaron el call-center. El call-center produce ilusión de comunicación. Uno marca un numerito, escucha un rato de musiquita y a los cinco minutos Romina o Sebastián nos preguntan en qué pueden ayudarnos, esforzándose un poquito en decir ayudarle en vez de ayudarlo. Nos lo preguntan no porque vayan a hacer nada por ayudarnos -aunque quisieran no podrían- sino para que nosotros sintamos que nos escuchan. Nos enfadamos, gritamos, pedimos hablar con un supervisor que probablemente ni siquiera exista o no esté en el mismo continente que Romina, y acabamos colgando pensando que en esa empresa son todos unos cretinos. Pero tenemos la impresión de haber hablado con la empresa, cuando con quien hemos hablado es con una señora que vive cuatro zonas horarias más al oeste y cinco o seis zonas climáticas más al sur que no tiene nada que ver con Telefónica, Jazztel ni Páginas Amarillas. Nuestra situación no ha cambiado, nuestro problema no está más cerca de solucionarse, pero nos hemos quedado a gusto.

Las empresas del siglo XXI son como ciudadelas medievales, que en lugar de estar rodeadas por un foso están rodeadas por un cono del silencio que casi nadie consigue penetrar. Es una criba: sólo los más hábiles consiguen cruzar las defensas, sólo a los merecedores de tal honor se les atenderá como a personas. A los demás se les condenará a discutir con otra persona que no tiene más relación con la compañía que ellos mismos, y además en un dialecto extraño que ninguno de los dos sabe hablar por su casa. Terminal, sonrisa telefónica y porquerías. Son todo mentiras.

PD: ¿A que es genial, el Superagente 86?

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25 La Publicidad

04May08 • 1932z • en análisis de la sociedad contemporánea, manifestaciones artísticas o audiovisuales.

  • Yo he ganado un premio cada hora, al parecer. Si he vivido 26 años, que son 9490 días y cada día tiene 24 horas, eso son unos 227.760 premios.
  • Debo chascar el botón “ACEPTABLE” antes del tiempo funcione hacia fuera. Es decir, que si no chasco alguno de los dos botones (y ninguno me parece más aceptable que el otro) se producirá una paradoja espacio-temporal de consecuencias imprevisibles.
  • Ambos hechos, aunque no lo parezca, guardan algún tipo de relación.
  • ¿Carreteras? Donde vamos no hacen falta carreteras.

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