Habréis notado, queridos lectores, mi terrible ausencia desde —aproximadamente— el catorce de noviembre. Sé que ha debido ser un terrible trance, una travesía por el desierto despertarse cada mañana sin tener mi sensacional ingenio y gracia verbal para darle sentido a un mundo que de otro modo no es más que una sucesión inenarrable de sensaciones inconexas. Lo sé. Pero no debéis sufrir, porque he vuelto.
Mi ausencia se ha debido a la inmundicia espiritual del peor hosting del universo conocido. Resulta que mi dominio caducaba —ciertamente, caducaba y yo no me acordaba, pero errar es humano al fin y al cabo— y ellos no me dijeron nada. Pero nada. Esperaron a que un día entrase en estudiosuizo.com y me encontrase con una página de esas abominables que ponen los registradores para ocupar tu dominio durante los 45 días que te lo tienen que guardar una vez caducado.
Por supuesto, qué decir tiene que mi ira hizo temblar la tierra y me puse en contacto con ellos, educado pero enérgico, para tratar de solucionarlo. Me dijeron que primero pagase por un año más y luego ya veríamos. «Y una mierda pinchada en un palo así de largo,» dije yo para mis adentros, «ha llegado el momento de buscarse un hosting como Dios manda que no sea el peor hosting del universo».
Así que este tiempo he estado intentando recuperar de las mohosas y acartonadas garras del peor hosting del universo los humeantes restos de lo que un día fue mi blog. Primero el dominio, luego el hosting, luego otra y otra cosa… Así hasta hoy, que he dado por terminada la reconstrucción. La guerra ha terminado, pueden volver a sus casas.
Una de las peores cosas es que, desgraciadamente, todo mi blog original de los años oscuros, todo el /42 y gran parte de mi blog actual se han desvanecido en las arenas movedizas del olvido. Es una pena, pero nadie volverá a leer jamás sobre mi expedición a las fuentes del Nilo, o el año que pasé viajando en zeppelin en busca de la esmeralda Walburga, que decían que tenía poderes mágicos pero en realidad era radiactiva. Se ha perdido para siempre mi conmovedora narración en primera persona del sitio de Zaragoza, o mi poema épico en seiscientas setenta y dos estrofas «Naglanuk y el Árbol de Gorglamarbalatau». De este he podido recuperar un fragmento del canto XIX que pegaré a continuación para vuestro regocijo:
Y las ninfas de dorados labios titilaban plateados
los lomos y los muslos y los cabellos y los ojos
y lloraban negras lágrimas de petróleo envenenado
y las daban a beber a los guerreros melindrosos.[...]
»Pues no es mísero el avaro por no gastar sus monedas,
como no es húmeda la lluvia por caer al occidente;
es negro el corazón que nunca perdonó una deuda
como es negra la obsidiana, como son negros mis dientes»Diciendo esto el Garbluglak abandonó la cabaña
del valiente Cid de Halburgo, capitán de las legiones
que con valiente decisión conquistarían Rumaña
si tan solo fueran más que un montón de marineros.
No obstante, aquellas entradas que sí pueda recuperar las iré añadiendo, poquito a poco, como entradas del pasado. Entradas del pasado. Qué melancólico suena para luego una cosa tan prosaica.