Y yo me lo quería perder. Cómo decirlo, este diciembre ha sido único. Único y gracias, porque no. No quiero otro diciembre como este, pero ni diciembre, ni mayo, ni zurniembre, no quiero otro mes así en toda mi vida. Han pasado demasiadas cosas, casi todas ellas entre malas y espantosas. Ahora estoy agotado, un poco perdido, vestido y sin tener a donde ir. Como diría Lina Morgan, compuesta y sin novio.
Ahora lo primero, visto diciembre para sentencia —que no ha terminado, pero ya se sabe cómo acaba— la cuestión es no ya trazar un plan, que eso está chupado y lo hago martes alternos, sino cumplirlo. Uno de mis planes, un elemento fundamental, es la autonomía. No quiero ser asalariado más. No quiero volver a sentarme en una oficina, hacer un horario de 9 a 18 con una hora para comer. No, porque no es la clase de persona que soy. Mamá, quiero ser artista.
Así que creo que empezaré por lo primero, que es empezar a buscarme la vida por mi cuenta. Para ello tengo algo que la mayoría de la gente no tiene, que es soporte familiar y un año de paro. A partir de hoy, a partir de este momento, mi vida irá por donde diga yo.
Todo sea que me llamen de algún trabajo y me coma mis palabras, pero de momento, el plan es ese.