Hay un episodio muy bonito de Doctor Who —por favor, quedáos, voy a hablar de otra cosa— que se llama Silence in the Library y que plantea una cosa muy interesante. En él —en serio, me quedan dos líneas sobre el episodio— el Doctor se encuentra con una persona que ya le conoce, pero él no conoce a esa persona. Eso se explica porque el Doctor viaja en el tiempo, así que muchas veces las cosas no le ocurren en el orden correcto. Pero al caso, lo importante es que el Doctor le pregunta a esta persona algunas cosas y ella le responde que no puede decírselo, porque son spoilers.
A veces me gustaría tener algún spoiler sobre mi vida. Me habría evitado algún disgusto que otro y me habría preparado más para lo inevitable. Ya sé que siempre presumo de que sé todo lo que va a pasar siempre, y es cierto en parte, pero en justicia sería más correcto decir que intuyo qué es lo que va a pasar. No lo sé a ciencia cierta, y no me preparo para ello. El momento en el que ocurre aquello que intuía que iba a pasar es tan doloroso o más que si no hubiera tenido ni idea. Si tuviera la certeza de que iba a pasar algo, me prepararía. Pero claro, no. Eso no puede ser.
Ahora estoy en una encrucijada. Debería ensillar mi caballo, montarlo y cabalgar seguro hacia el atardecer, sabiendo que mañana será otro día y ahora estoy mezclando dos metáforas/referencias. Metaforencias. A partir de ahora las metáforas-referencias se llamarán metaforencias. Y siguiendo con el tema, no puedo ensillar mi caballo y galopar lejos de Tara, porque no sé lo que va a pasar. Si galopo en la dirección correcta podría acabar en el fondo del mar como Jimmy Hoffa —metaforencia pobre pero necesaria para ilustrar el concepto— y si galopo en la incorrecta podría acabar mal.
Lo que digo, que mataría por un spoiler.
PD. Ver que Lo Que El Viento Se Llevó es un tag que ya he utilizado en mi blog es aterrador.